Gustavo Maldonado Medina
http://www.eldeber.com.bo/2007/2007-01-17/vernota.php?id=1780
En enero de 1848, hace 159 años, dos jóvenes alemanes de clase media escribieron un breve panfleto que titularon Manifiesto del Partido Comunista. Karl Marx, de 29 años, era periodista; Friedrich Engels, de 27 años, era hijo de un fabricante alemán. Según el historiador Jasper Ridley, en el Manifiesto Comunista Marx y Engels proponían una nueva clase de socialismo. No era el socialismo utópico de autores anteriores, sino un ‘socialismo científico’ que demostraba que el socialismo no se alcanzaría porque ciertos visionarios bien intencionados pensasen que era deseable, sino porque sería inevitablemente la siguiente fase del desarrollo histórico. Originalmente, la humanidad se había organizado según un comunismo primitivo, con todos los bienes en común, pero esto finalizó cuando se introdujo la división del trabajo y se estableció una sociedad en la que una minoría eran los amos y la mayoría sus esclavos. La esclavitud fue reemplazada por el feudalismo, que a su vez fue seguida por el capitalismo.
En el Manifiesto Comunista, Marx y Engels rindieron un fulgurante homenaje a los logros que había alcanzado la burguesía al reemplazar el feudalismo y desarrollar la industria en todo el mundo, pero ahora había llegado la hora de ceder el sitio al proletariado, los obreros industriales de sus fábricas. Esto requeriría de una revolución política violenta, pues ninguna clase dominante había entregado el poder pacíficamente. Cuando se hubiera realizado la revolución proletaria y el proletariado se hubiera convertido en clase dominante, no habría más clases para que el proletariado explotara y oprimiera. Se establecería el socialismo, que oportunamente evolucionaría pacíficamente hacia la sociedad sin clases y el comunismo, y todos vivirían felices para siempre.
Marx declaró que había dado a sus adeptos el socialismo científico. Según Jasper Ridley, en realidad les había dado algo más valioso: una religión. El marxismo era una religión y no una mera causa. Marx y los marxistas proclamaron a voz en cuello que no creían en Dios, pero esto no era del todo cierto. No creían en el dios cristiano, judío, musulmán, hinduista o budista, pero creían en su propio dios: el ‘desarrollo histórico’. “Los hombres crean su propia historia, pero no tal como les place”, escribió Marx. Tenían que forjar la historia acatando los designios del dios del desarrollo histórico, en cuyas manos todos los hombres, tanto sus servidores –los comunistas– como sus enemigos –los capitalistas– eran mera arcilla que debía modelarse de acuerdo con su voluntad. Como todos los dioses, el dios del desarrollo histórico no sólo era todopoderoso, sino benévolo; permitiría que las fuerzas del mal reinaran por un tiempo, pero se aseguraría de que al final fueran derrotadas, de que triunfara el bien y de que reinara en la Tierra un paraíso perfecto donde todos serían felices. La victoria del comunismo era inevitable.
En 1864, hace 143 años, Marx comenzó a escribir su gran obra, El Capital. Cuando al fin se publicó en tres volúmenes, sumaba 875.000 palabras, un poco más que la Biblia. Engels lo denominó “la Biblia de la clase obrera”, y sirvió en efecto como Biblia, si no para la clase obrera, al menos para los marxistas. Como otras biblias, es larga, engorrosa y pasible de interpretaciones conflictivas, y ha sido leída sólo por una pequeña parte de los creyentes que la veneran. No creo que el Presidente y muchos de sus colaboradores la hayan leído. Seguro que el bibliófobo canciller no. Quizá el bibliófilo Vicepresidente sí, entre los 960 libros que dice haber leído en sus tres años de presidio por subversión armada (¿un libro por día?). Sin embargo, ésta es la religión que muchos miembros del MAS han adoptado a comienzos del siglo XXI, y ninguno de ellos con más devoción que Evo Morales. Se olvida de que la caída del muro de Berlín, hace 17 años, fue la hecatombe del comunismo real, que encarnaba la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. A 15 años de la disolución de la URSS, Morales quiere un Estado socialista con 42 territorios indígenas autónomos, tres regiones metropolitanas, 32 idiomas nativos oficiales, tres religiones y un partido... el MAS. Partido único con líder único. ¡Evo, el supremo!
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martes, 13 de noviembre de 2007
domingo, 28 de octubre de 2007
¿Razas o clases sociales?
Editorial El Deber 16 oct 06
http://www.eldeber.com.bo/2006/20061016/editorial.html
Más que de razas o etnias, en Bolivia tendríamos que hablar de clases sociales. Así lo manda, en forma incuestionable, cualquier repaso de la actual demografía en Bolivia que tome en cuenta ambos parámetros. Los aimaras, quechuas y tupi-guaraníes podrán ser ‘indígenas’ para antropólogos de ciertas ‘ONG’ u ‘originarios’, así como para ultranativistas nostálgicos del Collasuyo, pero para el sociólogo serio son otra cosa. ¿Qué? Pues, campesinos. Es la definición compatible con la ruralidad inherente no sólo a su existencia, sino a sus medios de vida (agricultura primaria). Pertenecen a la clase asalariada u obrera los mestizos, aimaras y quechuas sujetos a relaciones obrero-patronales en la troncal La Paz-El Alto-Cochabamba-Santa Cruz. Son de clase media baja cuantos ‘indígenas’ u ‘originarios’ migraron del campo a la ciudad a recalar en la economía informal (artesanal, ferial, etc.) y convertirse, en cierto porcentaje, en ‘microempresarios’ y, los más, en “trabajadores por cuenta propia”. Estos ex ‘indígenas’ comparten tan abigarrado espacio con mestizos o ‘cholos’, así como con blancoides que también se dedican a lo mismo. En la clase media a secas encontramos también aimaras y quechuas de segunda y tercera generación repartidos en actividades profesionales y el empleo público o privado, junto a mestizos y blancoides. Por cierto que no brillan por su ausencia los rostros y apellidos de originarios e indígenas en los estratos superiores, aunque son criollos y mestizos quienes constituyen la mayoría que en este nivel se dedica a la industria, comercio y la actividad empresarial.
En síntesis, desde el punto de vista de la pertenencia racial, en los sectores de la estructura social del país tenemos de todo. Tanto que ésta se semeja más a puchero que a sopa única. Entre nosotros, igual que en cualquier país del mundo, el ‘status’ social no se halla en la piel, los ojos o el pelo, sino en la billetera. Es decir, en lo que se tiene y en lo que se hace dentro de la colectividad.
Obviamente que en las zonas rurales, particularmente del altiplano y los valles, sigue vigente aun la coincidencia entre pertenencia étnica y pertenencia social, pero a decreciente escala, a causa de la imparable migración campo-ciudad. Algo no muy representativo, por cierto, demográficamente hablando, si se toma en cuenta que casi el 70% de la población boliviana, actualmente, vive ya en las ciudades. Es urbana. La citada coincidencia no invalida el calificativo de ‘campesino’ para el habitante rural, que es el que realmente corresponde a quien los ultranativistas siguen clasificando de ‘indígena’ u ‘originario’. Pertenencia social transitoria, por lo demás, la misma. Más temprano que tarde, el titular de ella, al llegar a la ciudad, la cambia por cualquier otra, siempre y cuando, naturalmente, la economía personal o familiar le garantice el respectivo ‘status’.
A donde vamos es a señalar la necesidad de que en Bolivia nominemos y tratemos a nuestros compatriotas de origen aimara, quechua o tupí-guaraní como lo que realmente son y no como los ideologizados de siempre quieren que se les trate para beneficio político propio.
Y no sólo eso, sino también beneficiarlos con programas de gobierno que garanticen la inclusión social de los que todavía quedan en el agro y mejoren las oportunidades laborales y niveles productivos de los que ya viven en las ciudades.
http://www.eldeber.com.bo/2006/20061016/editorial.html
Más que de razas o etnias, en Bolivia tendríamos que hablar de clases sociales. Así lo manda, en forma incuestionable, cualquier repaso de la actual demografía en Bolivia que tome en cuenta ambos parámetros. Los aimaras, quechuas y tupi-guaraníes podrán ser ‘indígenas’ para antropólogos de ciertas ‘ONG’ u ‘originarios’, así como para ultranativistas nostálgicos del Collasuyo, pero para el sociólogo serio son otra cosa. ¿Qué? Pues, campesinos. Es la definición compatible con la ruralidad inherente no sólo a su existencia, sino a sus medios de vida (agricultura primaria). Pertenecen a la clase asalariada u obrera los mestizos, aimaras y quechuas sujetos a relaciones obrero-patronales en la troncal La Paz-El Alto-Cochabamba-Santa Cruz. Son de clase media baja cuantos ‘indígenas’ u ‘originarios’ migraron del campo a la ciudad a recalar en la economía informal (artesanal, ferial, etc.) y convertirse, en cierto porcentaje, en ‘microempresarios’ y, los más, en “trabajadores por cuenta propia”. Estos ex ‘indígenas’ comparten tan abigarrado espacio con mestizos o ‘cholos’, así como con blancoides que también se dedican a lo mismo. En la clase media a secas encontramos también aimaras y quechuas de segunda y tercera generación repartidos en actividades profesionales y el empleo público o privado, junto a mestizos y blancoides. Por cierto que no brillan por su ausencia los rostros y apellidos de originarios e indígenas en los estratos superiores, aunque son criollos y mestizos quienes constituyen la mayoría que en este nivel se dedica a la industria, comercio y la actividad empresarial.
En síntesis, desde el punto de vista de la pertenencia racial, en los sectores de la estructura social del país tenemos de todo. Tanto que ésta se semeja más a puchero que a sopa única. Entre nosotros, igual que en cualquier país del mundo, el ‘status’ social no se halla en la piel, los ojos o el pelo, sino en la billetera. Es decir, en lo que se tiene y en lo que se hace dentro de la colectividad.
Obviamente que en las zonas rurales, particularmente del altiplano y los valles, sigue vigente aun la coincidencia entre pertenencia étnica y pertenencia social, pero a decreciente escala, a causa de la imparable migración campo-ciudad. Algo no muy representativo, por cierto, demográficamente hablando, si se toma en cuenta que casi el 70% de la población boliviana, actualmente, vive ya en las ciudades. Es urbana. La citada coincidencia no invalida el calificativo de ‘campesino’ para el habitante rural, que es el que realmente corresponde a quien los ultranativistas siguen clasificando de ‘indígena’ u ‘originario’. Pertenencia social transitoria, por lo demás, la misma. Más temprano que tarde, el titular de ella, al llegar a la ciudad, la cambia por cualquier otra, siempre y cuando, naturalmente, la economía personal o familiar le garantice el respectivo ‘status’.
A donde vamos es a señalar la necesidad de que en Bolivia nominemos y tratemos a nuestros compatriotas de origen aimara, quechua o tupí-guaraní como lo que realmente son y no como los ideologizados de siempre quieren que se les trate para beneficio político propio.
Y no sólo eso, sino también beneficiarlos con programas de gobierno que garanticen la inclusión social de los que todavía quedan en el agro y mejoren las oportunidades laborales y niveles productivos de los que ya viven en las ciudades.
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domingo, 29 de abril de 2007
Semejanzas...
http://www.eldeber.com.bo/2006/20060926/opinion_6.html
Mario Rueda Peña
La casualidad y la imprevisión determinan, a veces, que alguien proyecte hacia afuera una identidad diferente y hasta contrapuesta a la que en verdad tiene. Esto suele darse en política, cuando actitudes y comportamientos trazan líneas de semejanza con la de otros que nada tienen que ver con lo que uno es, quiere ser o hacer...
En la Alemania de la década de los años 30 del siglo pasado, las calles de las ciudades estaban atestadas de menesterosos y desocupados. Los crueles coletazos de la gran depresión mundial se traducían en creciente desempleo y cerrazón de perspectivas para los sectores populares. Miles de miles de alemanes emigraban a Estados Unidos y América Latina. El pueblo le echaba la culpa de todo al sistema político-partidario tradicional, cuya credibilidad y prestigio rodaban al suelo. La difícil situación determinaba que las masas se ilusionaran con lideratos emergentes, como el de Hitler, que las sedujo a pesar del chaplinesco mostacho, teatral despliegue gestual y taconazos rubricando su iracundia retórica...
La estampa social no era muy negra en la Bolivia de principios del siglo XXI, pero igual moteada de altos índices de desocupación y bajos ingresos, factores que reducirían al máximo la credibilidad popular en los partidos tradicionales. Decenas de miles de bolivianos se iban (y se siguen yendo) a Europa, particularmente a España, en busca de un mejor destino. Los sectores populares pasarían de la frustración a la ilusión respecto a lideratos emergentes. Esta última favorecería a Evo Morales, quien desde los cocales de Cochabamba pudo llegar al Parlamento y después al poder político.
Pero después los parecidos trascienden las semejanzas accidentales que en diferentes latitudes geográficas y espacios temporales promueven reflejos dialécticos a estímulos histórico-sociales de igual jaez. En 1933, finalmente, en el Reichstag de Berlín, Hitler se ciñe al pecho la banda de Canciller, pero como el partido nazi sólo cuenta con el 32% de los escaños, concibe y pone en ejecución todo un plan de presiones de tipo corporativo-social sobre el Reichstag para sepultar el orden democrático-constitucional vigente desde la República de Weimar. Sale airoso en su empeño. Destituye al anciano que ejercía la Presidencia y asume el poder total, tanto para él como para el partido nazi. La resurrección del imperio alemán, a escala europea y, en lo posible, mundial (III Reich), sobre bases de racismo y militarismo, son sus divisas...
En Bolivia, Evo Morales y el MAS llegan igualmente al poder político, pero sin el suficiente número de escaños parlamentarios y constituyentes para que el país siga el rumbo que ellos ya le han marcado. Etnoculturalismo, centralismo y socialcomunitarismo constituyen las flechas indicativas de rumbo. Organizan el ‘Estado Mayor del Pueblo’ como órgano coordinador de la presión social sobre la Constituyente de Sucre, para que ésta haga lo que ellos quieren. Evo, igualmente, imparte ‘befehlungen’ (instrucciones) a sus bases para que la Constituyente se someta al MAS. Es decir, apruebe la nueva Carta Magna por mayoría absoluta y no por los dos tercios de votos. La primera le allana el camino a la hegemonía. A esa hegemonía por la cual Hitler lanzara a sus bases contra el Reichstag de Berlín.
No vamos a comparar a Evo con Hitler ni a igualar a ambos en la misma ideología. Sería injusto hacerlo. Evo no es fascista, sino neopopulista neoestatista, inflamado de etnocentrismo. Las semejanzas se dan en lo puramente metodológico, provocando dudas sobre la real vocación democrática del líder del MAS. Bien harían Evo y el MAS, en consecuencia, evitar atajos tácticos que les perjudican, pues les asocian a figuras y perfiles ideológicos nada democráticos...
Mario Rueda Peña
La casualidad y la imprevisión determinan, a veces, que alguien proyecte hacia afuera una identidad diferente y hasta contrapuesta a la que en verdad tiene. Esto suele darse en política, cuando actitudes y comportamientos trazan líneas de semejanza con la de otros que nada tienen que ver con lo que uno es, quiere ser o hacer...
En la Alemania de la década de los años 30 del siglo pasado, las calles de las ciudades estaban atestadas de menesterosos y desocupados. Los crueles coletazos de la gran depresión mundial se traducían en creciente desempleo y cerrazón de perspectivas para los sectores populares. Miles de miles de alemanes emigraban a Estados Unidos y América Latina. El pueblo le echaba la culpa de todo al sistema político-partidario tradicional, cuya credibilidad y prestigio rodaban al suelo. La difícil situación determinaba que las masas se ilusionaran con lideratos emergentes, como el de Hitler, que las sedujo a pesar del chaplinesco mostacho, teatral despliegue gestual y taconazos rubricando su iracundia retórica...
La estampa social no era muy negra en la Bolivia de principios del siglo XXI, pero igual moteada de altos índices de desocupación y bajos ingresos, factores que reducirían al máximo la credibilidad popular en los partidos tradicionales. Decenas de miles de bolivianos se iban (y se siguen yendo) a Europa, particularmente a España, en busca de un mejor destino. Los sectores populares pasarían de la frustración a la ilusión respecto a lideratos emergentes. Esta última favorecería a Evo Morales, quien desde los cocales de Cochabamba pudo llegar al Parlamento y después al poder político.
Pero después los parecidos trascienden las semejanzas accidentales que en diferentes latitudes geográficas y espacios temporales promueven reflejos dialécticos a estímulos histórico-sociales de igual jaez. En 1933, finalmente, en el Reichstag de Berlín, Hitler se ciñe al pecho la banda de Canciller, pero como el partido nazi sólo cuenta con el 32% de los escaños, concibe y pone en ejecución todo un plan de presiones de tipo corporativo-social sobre el Reichstag para sepultar el orden democrático-constitucional vigente desde la República de Weimar. Sale airoso en su empeño. Destituye al anciano que ejercía la Presidencia y asume el poder total, tanto para él como para el partido nazi. La resurrección del imperio alemán, a escala europea y, en lo posible, mundial (III Reich), sobre bases de racismo y militarismo, son sus divisas...
En Bolivia, Evo Morales y el MAS llegan igualmente al poder político, pero sin el suficiente número de escaños parlamentarios y constituyentes para que el país siga el rumbo que ellos ya le han marcado. Etnoculturalismo, centralismo y socialcomunitarismo constituyen las flechas indicativas de rumbo. Organizan el ‘Estado Mayor del Pueblo’ como órgano coordinador de la presión social sobre la Constituyente de Sucre, para que ésta haga lo que ellos quieren. Evo, igualmente, imparte ‘befehlungen’ (instrucciones) a sus bases para que la Constituyente se someta al MAS. Es decir, apruebe la nueva Carta Magna por mayoría absoluta y no por los dos tercios de votos. La primera le allana el camino a la hegemonía. A esa hegemonía por la cual Hitler lanzara a sus bases contra el Reichstag de Berlín.
No vamos a comparar a Evo con Hitler ni a igualar a ambos en la misma ideología. Sería injusto hacerlo. Evo no es fascista, sino neopopulista neoestatista, inflamado de etnocentrismo. Las semejanzas se dan en lo puramente metodológico, provocando dudas sobre la real vocación democrática del líder del MAS. Bien harían Evo y el MAS, en consecuencia, evitar atajos tácticos que les perjudican, pues les asocian a figuras y perfiles ideológicos nada democráticos...
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Fundamentalismo Indigena
Desde Kampuchea hasta los ponchos rojos
Por:MARCELO GONZALES YAKSIC
El miércoles pasado y coordinadamente, Hugo Chávez, Evo Morales y Mahmud Ahmadineyad, abrían fuego contra el imperio en la última asamblea de las Naciones Unidas. Mientras en Warisata (bastión aymará), Alvaro García Linera y sin que le tiemble el seso, arengaba a los campesinos de la Provincia Omasuyos "como guerreros de la liberación indígena para ir donde nos convoquen, a la cabeza conduciendo a todo el movimiento indígena... los ponchos rojos tienen que estar firmes para defender el gobierno indígena"(sic). Después de una lluvia de críticas, al día siguiente las soslayó con el ambiguo cliché: "si he dicho alguna frase que pueda ser entendida de otra manera, pido disculpas, por esa frase"
Con estos ponchos rojos nos trasladamos hacia la Kampuchea de 1975, cabalgando con las temibles palabras y las evasivas disculpas de García Linera. El Jemer Rojo (Khmer Rouge) fue una organización camboyana que construyó un nuevo estado comunista, bajo la orientación de su trascendental dirigente Pol Pot. Durante los cuatro años que duró este régimen (1975 a 1979), conocido como Kampuchea Democrática, el Jemer Rojo consumó el "Genocidio Camboyano", donde murieron una cuarta parte de los habitantes de ese país, entre ellos varios millones de opositores al gobierno. La ideología de los Jemeres Rojos mezclaba una interpretación inconfundible del maoísmo, ajustándose en la exaltación del campesinado, con las ideas anticolonialistas propias de las guerras de liberación nacional. El resultado final fue una combinación de maoísmo con un nacionalismo extremo, llegando a orientaciones racistas y depredadoras. Las coincidencias pragmáticas son evidentes e insalvables, debido a que García Linera, ya en la década de 1980, se confesaba simpatizante del mismísimo Pol Pot.
Los ponchos rojos del MAS ambicionan clonar y calcar este resultado trágico en nuestro país, cumpliendo un plan irreversible de exterminio, que ahora está en marcha. García Linera llama a gritos para alzar las armas y asumir la violencia contra las otras razas, ocultándose detrás de su antiimperialismo, para establecer un régimen totalitario de terror parecido a la trágica Kampuchea, financiado por los chavistas, más el soporte ideológico de Cuba e Irán. Este escenario maldiciente derivará en el Kollasuyo Democrático que lúgubremente añora el Vicepresidente.
La tragedia se avecina. Los viejos fusiles máuser, ponchos rojos, pasamontañas, wiphalas, qurawas (hondas), y otros instrumentos fuertemente vinculados con la memoria de las luchas indígenas y racistas, han sido violentamente descubiertos por la feroz palabrería de nuestro gobernador suplente. Lo que queda claro es que los fusiles máuser serán reemplazados, en las manos de los racistas del siglo XXI, por un moderno armamento proveído gratuitamente desde el rio Orinoco hasta Orinoca o Warisata. Vemos sólo ruina y maldición. En serio: el genocidio ha dado su primer alarido y nos ha provocado miedo, sin creer en esas disculpas que extralimitan la franqueza.
http://www.lostiempos.com/noticias/24-09-06/24_09_06_pv6.php
El miércoles pasado y coordinadamente, Hugo Chávez, Evo Morales y Mahmud Ahmadineyad, abrían fuego contra el imperio en la última asamblea de las Naciones Unidas. Mientras en Warisata (bastión aymará), Alvaro García Linera y sin que le tiemble el seso, arengaba a los campesinos de la Provincia Omasuyos "como guerreros de la liberación indígena para ir donde nos convoquen, a la cabeza conduciendo a todo el movimiento indígena... los ponchos rojos tienen que estar firmes para defender el gobierno indígena"(sic). Después de una lluvia de críticas, al día siguiente las soslayó con el ambiguo cliché: "si he dicho alguna frase que pueda ser entendida de otra manera, pido disculpas, por esa frase"
Con estos ponchos rojos nos trasladamos hacia la Kampuchea de 1975, cabalgando con las temibles palabras y las evasivas disculpas de García Linera. El Jemer Rojo (Khmer Rouge) fue una organización camboyana que construyó un nuevo estado comunista, bajo la orientación de su trascendental dirigente Pol Pot. Durante los cuatro años que duró este régimen (1975 a 1979), conocido como Kampuchea Democrática, el Jemer Rojo consumó el "Genocidio Camboyano", donde murieron una cuarta parte de los habitantes de ese país, entre ellos varios millones de opositores al gobierno. La ideología de los Jemeres Rojos mezclaba una interpretación inconfundible del maoísmo, ajustándose en la exaltación del campesinado, con las ideas anticolonialistas propias de las guerras de liberación nacional. El resultado final fue una combinación de maoísmo con un nacionalismo extremo, llegando a orientaciones racistas y depredadoras. Las coincidencias pragmáticas son evidentes e insalvables, debido a que García Linera, ya en la década de 1980, se confesaba simpatizante del mismísimo Pol Pot.
Los ponchos rojos del MAS ambicionan clonar y calcar este resultado trágico en nuestro país, cumpliendo un plan irreversible de exterminio, que ahora está en marcha. García Linera llama a gritos para alzar las armas y asumir la violencia contra las otras razas, ocultándose detrás de su antiimperialismo, para establecer un régimen totalitario de terror parecido a la trágica Kampuchea, financiado por los chavistas, más el soporte ideológico de Cuba e Irán. Este escenario maldiciente derivará en el Kollasuyo Democrático que lúgubremente añora el Vicepresidente.
La tragedia se avecina. Los viejos fusiles máuser, ponchos rojos, pasamontañas, wiphalas, qurawas (hondas), y otros instrumentos fuertemente vinculados con la memoria de las luchas indígenas y racistas, han sido violentamente descubiertos por la feroz palabrería de nuestro gobernador suplente. Lo que queda claro es que los fusiles máuser serán reemplazados, en las manos de los racistas del siglo XXI, por un moderno armamento proveído gratuitamente desde el rio Orinoco hasta Orinoca o Warisata. Vemos sólo ruina y maldición. En serio: el genocidio ha dado su primer alarido y nos ha provocado miedo, sin creer en esas disculpas que extralimitan la franqueza.
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Identidad y neoindigenismo
Por:HUGO VÍCTOR RAMÍREZ VILLARROEL
http://www.lostiempos.com/noticias/19-09-06/19_09_06_pv2.php
Parece ser que el aparente desarrollo de una nueva identidad neoindigenista es lo que actualmente Bolivia expone como punto de referencia en el globo. Las principales autoridades del país, bajo la tutela de un neoindigenismo proteccionista y expansionista -con estrechas políticas de Estado en las que intervienen casi exclusivamente indígenas- tratan de explotar una identidad prefabricada que desarrolla menos alternativas hacia una identidad colectiva y dinámica como país.
Aunque este tema continúa acumulando importante bibliografía, haciéndolo cada vez más complejo, deseo concentrarme, simplemente, alrededor del concepto de identidad, la que considero como aquel conjunto de rasgos -propiedades distintivas impuestas por la sociedad que poseemos desde nuestro nacimiento-, ya que desde que tomamos contacto con el mundo exterior, nos hallamos supeditados a aceptar una sociedad cuya cultura y valores ya existen, aunque, claro está, esta cultura y valores son dinámicos, lo que significa que pueden llegar a modificarse, adaptarse o fusionarse de acuerdo a las circunstancias o a medida que transcurre el tiempo, en nuestro caso, podríamos hablar de la influencia del actual Gobierno para hacer hincapié en la posible identidad que se vaya adoptar, colectivamente hablando.
En cuanto al neoindigenismo, quiero apoyarme en la postura de Gómez Martínez, denominada por él como tradicional donde el pensamiento neoindigenista -dice Gómez Martínez- busca "protegerle" (al indígena) del mundo occidental, pidiendo que se encierre en la preservación de "su cultura". En el actual Gobierno existe una infinidad de ejemplos relacionados con la preservación-protección de la cultura aymara, quechua o de otra índole; actualmente, más que preservación diríamos que se ha llegado a un punto de extradimensionalidad de participación de estas culturas, cosa que tampoco es buena (los extremos), si tomamos en cuenta que antes se las descuidaba en exceso.
La complicada vinculación entre identidad y neoindigenismo que está presente en el país -al parecer- alimenta de manera determinante algunas identidades microcolectivas originarias que se identifican con un neoindigenismo supuestamente moderado, aunque más parece resaltar la tendencia de un neoindigenismo oportunista, debido a la actual coyuntura por la que atraviesa el país, o sea, la actual composición del Gobierno.
Dicho sea de paso, se orienta a la extra politización de los idiomas nativos; se intenta fortalecer una Asamblea Constituyente presionada por grupos sociales, etc., todo ello con el argumento de que la mayoría de los bolivianos somos indígenas que estuvimos bajo la bandera de los 500 años de explotación; para así, justificar la manera de dirigir una Asamblea Constituyente, con tintes cuasi exclusivamente originarios, lo que supone pensar en un posible absolutismo de ciertos grupos y menos democracia para el país.
Concluyo, manifestando que el Gobierno debería reformular los actuales pasos de la sociedad hacia una identidad integradora y dinámica, sin dejar de lado las posiciones no originarias (identidades no indígenas) que co habitan con otras identidades en el país, pues, quiérase o no, existen otros grupos con sus propias identidades, lo que los convierte en el complemento valioso a tomar en cuenta, en la delimitación de los futuros lineamientos en el país.
Al mismo tiempo, sería vital que en esta era neoindigenista de gobierno, o como la quieran denominar, se perfile una identidad coherente y dinámica en el marco de una sociedad diversa, para así fortalecer nuestro variopinto reflejo hacia el mundo exterior.
http://www.lostiempos.com/noticias/19-09-06/19_09_06_pv2.php
Parece ser que el aparente desarrollo de una nueva identidad neoindigenista es lo que actualmente Bolivia expone como punto de referencia en el globo. Las principales autoridades del país, bajo la tutela de un neoindigenismo proteccionista y expansionista -con estrechas políticas de Estado en las que intervienen casi exclusivamente indígenas- tratan de explotar una identidad prefabricada que desarrolla menos alternativas hacia una identidad colectiva y dinámica como país.
Aunque este tema continúa acumulando importante bibliografía, haciéndolo cada vez más complejo, deseo concentrarme, simplemente, alrededor del concepto de identidad, la que considero como aquel conjunto de rasgos -propiedades distintivas impuestas por la sociedad que poseemos desde nuestro nacimiento-, ya que desde que tomamos contacto con el mundo exterior, nos hallamos supeditados a aceptar una sociedad cuya cultura y valores ya existen, aunque, claro está, esta cultura y valores son dinámicos, lo que significa que pueden llegar a modificarse, adaptarse o fusionarse de acuerdo a las circunstancias o a medida que transcurre el tiempo, en nuestro caso, podríamos hablar de la influencia del actual Gobierno para hacer hincapié en la posible identidad que se vaya adoptar, colectivamente hablando.
En cuanto al neoindigenismo, quiero apoyarme en la postura de Gómez Martínez, denominada por él como tradicional donde el pensamiento neoindigenista -dice Gómez Martínez- busca "protegerle" (al indígena) del mundo occidental, pidiendo que se encierre en la preservación de "su cultura". En el actual Gobierno existe una infinidad de ejemplos relacionados con la preservación-protección de la cultura aymara, quechua o de otra índole; actualmente, más que preservación diríamos que se ha llegado a un punto de extradimensionalidad de participación de estas culturas, cosa que tampoco es buena (los extremos), si tomamos en cuenta que antes se las descuidaba en exceso.
La complicada vinculación entre identidad y neoindigenismo que está presente en el país -al parecer- alimenta de manera determinante algunas identidades microcolectivas originarias que se identifican con un neoindigenismo supuestamente moderado, aunque más parece resaltar la tendencia de un neoindigenismo oportunista, debido a la actual coyuntura por la que atraviesa el país, o sea, la actual composición del Gobierno.
Dicho sea de paso, se orienta a la extra politización de los idiomas nativos; se intenta fortalecer una Asamblea Constituyente presionada por grupos sociales, etc., todo ello con el argumento de que la mayoría de los bolivianos somos indígenas que estuvimos bajo la bandera de los 500 años de explotación; para así, justificar la manera de dirigir una Asamblea Constituyente, con tintes cuasi exclusivamente originarios, lo que supone pensar en un posible absolutismo de ciertos grupos y menos democracia para el país.
Concluyo, manifestando que el Gobierno debería reformular los actuales pasos de la sociedad hacia una identidad integradora y dinámica, sin dejar de lado las posiciones no originarias (identidades no indígenas) que co habitan con otras identidades en el país, pues, quiérase o no, existen otros grupos con sus propias identidades, lo que los convierte en el complemento valioso a tomar en cuenta, en la delimitación de los futuros lineamientos en el país.
Al mismo tiempo, sería vital que en esta era neoindigenista de gobierno, o como la quieran denominar, se perfile una identidad coherente y dinámica en el marco de una sociedad diversa, para así fortalecer nuestro variopinto reflejo hacia el mundo exterior.
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Fundamentalismo Indigenista?
Por:JIMMY ORTIZ SAUCEDO
Los seres humanos somos los únicos que tropezamos varias veces con la misma piedra. En la historia reciente tenemos dos casos de racismo, que llevaron a países del primer mundo a un trágico final.
El primero se dio en la Alemania de 1920, con la creación del Partido Nazi. Este partido llevo al poder, entre 1933 y 1945, al régimen totalitario presidido por el tristemente celebre Adolf Hitler; el III Reich. La supuesta superioridad de la raza Aria, impulso a niveles insospechados de sectarismo y de violencia. Una nación culta fue manipulada por un pequeño número de fanáticos, cuyo corolario fue el Holocausto judío y la Segunda Guerra Mundial. Quien podría olvidar los horrores de: la Noche de los Cristales Rotos, la quema de libros judeo-marxistas en la Orpenplatz y el campo de concentración de Auschwitz. Ellos serán un recordatorio permanente del "racismo como forma de gobierno".
El segundo se dio en la ex Yugoslavia. País pluri étnico que tuvo siempre una vida complicada y azarosa. Comprendía seis republicas: Croacia, Serbia, Montenegro, Macedonia, Eslovenia y Bosnia-Herzegovina. Fue posible mantener unida esta nación gracia al liderazgo y la mano fuerte de Josip Broz Tito. A su muerte, en 1980, se soltaron las amarras. Agravada por una fuerte crisis económica, afloraron los latentes nacionalismos étnicos. En 1991 estallo la guerra entre serbios y croatas, con la violencia que es características de luchas fraticidas. La limpieza étnica fue también parte de esta triste historia. El abandono de la Federación Yugoslava por Croacia y Eslovenia, precipito la guerra civil generalizada y finalmente la intervención bélica de la comunidad internacional.
Una tercera lucha étnica se esta gestando con toda claridad en lo Andes Centrales sudamericanos, mas propiamente en Bolivia, Ecuador y Perú. Los síntomas y signos son cada día más evidentes: idealización de imperios precolombinos, retórica de superioridad étnica, partidos políticos con evidente tinte indigenista, banderas extraídas del pasado, odio y resentimiento por doquier.
Y no es que le falte razón a los originarios. Ellos fueron esclavizados por los conquistadores europeos y después excluidos por los gobiernos republicanos. El tema es que ahora pegan la rabia contra todo el mundo. Contra una gran mayoría de población mestiza que no tiene velas en este entierro. Deben apuntar contra sus reales verdugos, si es que no tienen el coraje de poner la otra mejilla y comenzar una nueva vida. "El odio no construye".
Mucho tiene que ver en este nuevo brote de racismo los "cientistas" sociales del norte europeo. Ellos con un fuerte sentimiento de culpa, por el execrable pasado colonialista de sus ancestros, han envenenado el alma de las culturas nativas andinas, a través de sus ricas ONGs.
Que nadie se haga el opa de lo que aquí puede pasar! Las Naciones Unidas tienen la obligación de aplicar el principio de "La Responsabilidad de Proteger", creado en Ottawa Canadá el 2001, bajo las ordenes de Kofi Annan.
http://www.lostiempos.com/noticias/05-07-06/05_07_06_pv4.php
Los seres humanos somos los únicos que tropezamos varias veces con la misma piedra. En la historia reciente tenemos dos casos de racismo, que llevaron a países del primer mundo a un trágico final.
El primero se dio en la Alemania de 1920, con la creación del Partido Nazi. Este partido llevo al poder, entre 1933 y 1945, al régimen totalitario presidido por el tristemente celebre Adolf Hitler; el III Reich. La supuesta superioridad de la raza Aria, impulso a niveles insospechados de sectarismo y de violencia. Una nación culta fue manipulada por un pequeño número de fanáticos, cuyo corolario fue el Holocausto judío y la Segunda Guerra Mundial. Quien podría olvidar los horrores de: la Noche de los Cristales Rotos, la quema de libros judeo-marxistas en la Orpenplatz y el campo de concentración de Auschwitz. Ellos serán un recordatorio permanente del "racismo como forma de gobierno".
El segundo se dio en la ex Yugoslavia. País pluri étnico que tuvo siempre una vida complicada y azarosa. Comprendía seis republicas: Croacia, Serbia, Montenegro, Macedonia, Eslovenia y Bosnia-Herzegovina. Fue posible mantener unida esta nación gracia al liderazgo y la mano fuerte de Josip Broz Tito. A su muerte, en 1980, se soltaron las amarras. Agravada por una fuerte crisis económica, afloraron los latentes nacionalismos étnicos. En 1991 estallo la guerra entre serbios y croatas, con la violencia que es características de luchas fraticidas. La limpieza étnica fue también parte de esta triste historia. El abandono de la Federación Yugoslava por Croacia y Eslovenia, precipito la guerra civil generalizada y finalmente la intervención bélica de la comunidad internacional.
Una tercera lucha étnica se esta gestando con toda claridad en lo Andes Centrales sudamericanos, mas propiamente en Bolivia, Ecuador y Perú. Los síntomas y signos son cada día más evidentes: idealización de imperios precolombinos, retórica de superioridad étnica, partidos políticos con evidente tinte indigenista, banderas extraídas del pasado, odio y resentimiento por doquier.
Y no es que le falte razón a los originarios. Ellos fueron esclavizados por los conquistadores europeos y después excluidos por los gobiernos republicanos. El tema es que ahora pegan la rabia contra todo el mundo. Contra una gran mayoría de población mestiza que no tiene velas en este entierro. Deben apuntar contra sus reales verdugos, si es que no tienen el coraje de poner la otra mejilla y comenzar una nueva vida. "El odio no construye".
Mucho tiene que ver en este nuevo brote de racismo los "cientistas" sociales del norte europeo. Ellos con un fuerte sentimiento de culpa, por el execrable pasado colonialista de sus ancestros, han envenenado el alma de las culturas nativas andinas, a través de sus ricas ONGs.
Que nadie se haga el opa de lo que aquí puede pasar! Las Naciones Unidas tienen la obligación de aplicar el principio de "La Responsabilidad de Proteger", creado en Ottawa Canadá el 2001, bajo las ordenes de Kofi Annan.
http://www.lostiempos.com/noticias/05-07-06/05_07_06_pv4.php
Etiquetas:
Fundamentalismo Indigena
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